and I say

domingo, 25 de octubre de 2009

Diario de una mente nº0

Se podría creer que escribir es ya una inercia. Pero es una intensa necesidad, algo que ni con el más exótico, elegante y culto lenguaje y léxico es posible explicar.

La hoja en blanco, es un abismo infinito en el cual no ceso de caer. Produce tal tristeza, que mi alma se retuerce y mi cuerpo se ve afectado por sensaciones inverosímiles.

Tengo tantas cosas para decir, y no sé por donde empezar, tampoco como expresarlo. Mi mente, se contagia y se envuelve en un velo blanco e insípido.

Mis manos, mis dedos están inquietos y sedientos. Profundos me parecen mis ojos, que seguramente no pueden reflejar lo hondo de mi sentir.

Cierro los ojos, pensando que así, podré ver dentro de mí, y llegar de alguna forma, al fondo. Ahogarme en el mar abatido y creciente de mis deseos.

Una dosis de soledad, podría ayudar. Aislamiento, obviando el todo y nada que han de rodearme constantemente, y verme a mí misma como un mundo totalmente aparte, ajeno.

Cerrar los ojos, dormir, dormir el cuerpo y entrar en la complejidad de memorias y seres sensibles que me conforman. Observarlos, deducirlos, descubrirlos, y hasta quizás, enfrentarlos.

Me resulta imposible asesinar a las fieras y monstruos que se albergan en cada rincón oscuro. Me repelen, me dan miedo, pero detrás de mi reacción y lógica inicial, sé que tengo el deseo y habilidad de entenderlos. Domarlos no es una opción.

El tiempo, la experiencia, mi conveniencia, no pueden destruir lo que va en contra de ellos. Aunque lo intentara y realmente me lo propusiera, sé que no tendría éxito. He de dejarlos ser y mutar a su antojo.

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